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jueves, 17 de noviembre del 2005 12:33
Hora de Perú
Libertad bajo palabra, por Fernando Viaña
DE LUJO.- El miércoles por la noche, la mitad de los televisores de los hogares chilenos estuvieron sintonizados en el Debate Elecciones Presidenciales 2 005. El altísimo rating obtenido por último de los cuatro encuentros entre los candidatos a reemplazar a Ricardo Lagos en La Moneda se debió, sin duda alguna, al gran nivel de los aspirantes, a las propuestas de cara al futuro, y, sobre todo, a la importancia que tiene la alta magistratura en el país de Diego Portales cuando esa austera república ha alcanzado un Producto Bruto Interno de 100 mil millones de dólares y anuncia al mundo que en el siguiente ejercicio fiscal crecerá en un 20 por ciento.
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Tres de los cuatro aspirantes a la Presidencia de Chile, la socialista Michelle Bachelet y los derechistas Salvador Piñera y Joaquín Lavín, tiene propuestas tan similares en sus programas económicos que parecen ser la misma opción con tres rostros diferentes. El cuarto de los postulantes al máximo cargo público chileno, el comunista Tomás Hirsch, es un opositor frontal al modelo económico, pero, a diferencia de otros ultraizquierdistas de la región, posee un discurso coherente y civilizado.
Más sinceros que sus homólogos de otros países latinoamericanos, Piñera y Lavín dijeron no al matrimonio homosexual, no al aborto y no al asfixiante mercado común del Cono Sur. Ambos, en mayor o menos medida, pusieron el énfasis en el apoyo a los pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad.
Todos, con ligeros matices, le mostraron los colmillos nacionalistas a la ley peruana que busca fijar los límites marítimos con su país. Sin embargo, los cuatro se mostraron enormemente tolerantes con la inmigrantes peruanos, los cuales llegan a casi cien mil personas de ambos sexos.
Acabado el escrutinio de panel periodístico, los cuatro participantes en el evento se saludaron con afecto y posaron juntos para los fotógrafos.
Un día de fiesta para la democracia chilena. Ojalá algún día podamos imitarlos.
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